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15.05.09

De algunos recuerdos y reflexiones varias

Mario Ortegón

Alguna vez participé en una campaña electoral. Recorrí buena parte del primer distrito federal, y visité lugares que no conocía. Recorrí algunas pequeñas poblaciones en el interior del estado donde la gente vive aún siguiendo tradiciones milenarias de los mayas. Donde el estado, la nación, México y el mundo son conceptos abstractos. Lugares donde no hay electricidad, donde no hay agua potable, donde no hay escuelas ni educación. Sólo hay hambre y la lucha diaria por arrancar de la tierra el suficiente maiz para subsistir todo el año. Son poblaciones donde sólo un par de personas, las encargadas de realizar el comercio con el mundo exterior, pueden hablar español. El mítin político a la sombra de una ceiba en el centro de tierra apisonada del pueblo tuvo que ser traducido de manera simultánea al maya. La pequeña capilla, con una estatua de San Isidro Labrador, tenía una ofrenda maya. Símbolo del sincretismo religioso que vivimos los habitantes del estado.

Soy de la ciudad de Campeche. Cuando uno pasea por el malecón, viendo a las familias disfrutar de la brisa marina y tomando tal vez un helado, se puede pensar que hemos alcanzado el progreso. Paseando por el centro de la ciudad vemos turistas extranjeros admirando el cuidado centro de la ciudad y la hermosa iluminación de la catedral al anochecer. La distancia entre la ciudad y estos poblados abandonados en Hopelchén es la misma distancia que separa un país que aspira al primer mundo, un país en vías de desarrollo considerado una potencia regional, con países sumidos en la miseria en el centro de África.

Vivo en Aachen, Alemania. Una de las ciudades que son parte de Alemania Occidental. Una pequeña ciudad con los mismos habitantes que Campeche, pero que ocupa una fracción del territorio. Vivo en un país donde el director de la empresa para la que trabajo ganará tal vez cinco veces más que una de las asistentes administrativas, a diferencia de México donde muchos salarios son apenas suficientes para cubrir las necesidades de alimentación. La ciudad es pequeña y concentrada, con excelentes servicios y transporte público, que hace que sea sencillo caminar a todos los puntos de la ciudad y que un coche sea algo innecesario. La gente no vive preocupada de juntar dinero de manera obsesiva e intenta vivir la vida de la manera más comoda posible. No existe la ostentación del dinero. Se prefiere la discreción.

Tres mundos, tres realidades diferentes. He visto desigualdad. En nuestra misma ciudad de Campeche podemos ver grandes mansiones al lado de pequeñas casas de una sola habitación compartidas por familias numerosas.

Nuestro siguiente gobernante tendrá el intenso reto de juntar todas estas realidades, y buscar el progreso del estado. No será una tarea fácil. Existen muchas influencias externas, muchos compromisos adquiridos, muchas deudas que saldar. Hemos avanzado, pero tenemos muchos rezagos y todavía no llegamos a una situación donde todos tengamos las mismas oportunidades de desarrollo. Una sociedad sin castas.

La mejor persona para empuñar el poder es aquella que menos lo desea.

Permalink 07:57:49, by Mario Ortegón Email , 548 words   Spanish (MX)
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